# 20 - Ponte los pantalones
Ese día viernes llegué del colegio a dormir. Siempre me sucede todos los viernes, como salgo del colegio a la una de la tarde, soy víctima del peso de la semana y exhausto no puedo mantener pestaña abierta en la micro, si tengo suerte de venirme sentado. Por eso me vengo siempre atrás, aprovechando el viaje que es, a ese horario, su media hora hasta mi casa.
Olvidé hablar con mi mamá con respecto al carrete, y una vez que desperté, a las seis de la tarde, aún no estaba seguro ni si quiera si me iban a dar permiso. El teléfono cortado para celulares, y la mesa central de la empresa donde trabaja ocupada. Tomé doscientos pesos y salí corriendo a buscar un teléfono público para poder llamarla antes de que se viniera de la pega, porque tiene la rara costumbre de no contestar su celular después de salir de la oficina. “Para que no me lo roben” dice ella, cuando le discuto que no le es para nada útil si no lo contesta en la calle.
Fui al negocio de la vuelta, y marqué el número.
Felizmente, alcanzó a contestar:
-“Aló, mamá, oye, esta noche tengo un carrete... ¿Puedo ir?”
-“De quién es la fiesta y adónde?”
-“De la Angélica, la polola del Max, aquí en la Villa Los Héroes, es con quedarse y no hay ningún atado”-
-“Hmmm... déjame pensarlo, los dos tenemos que conversar”
-“Pero mamá...”
-“En la casa hablamos. Me llamaron del colegio y hoy volviste a llegar atrasado. Tendremos que conversar sobre tu conducta. Nos vemos allá, chao”
Cortó.
Maldita sea. Justo ahora que más necesito un momento de liberación suceden estas cosas. No puede ser.
Quise irme a la segura. Ya iban a ser las siete de la tarde, y el cielo de nuevo se ponía amenazante. Me bañé y me arreglé para el momento, al menos así poder dar lástima de que “cómo me van a dejar con los crespos hechos”.
Mi mamá llegó a las ocho de la noche casi, pues pasó a comprar cosas para la once. Y esperó hasta último momento para poder hablarme del tema.
-“Y bien... qué pasó mamá”
-“Es lo que yo debería preguntarte a ti Antonio. ¿Por qué de un momento para otro te volviste tan irresponsable?”
-“¿De qué me hablas? Si por mi está yendo todo con normalidad”
-“Soy tu mamá y te conozco. O bien creo conocerte bastante.”
-“No lo haces de forma cabal, y por eso te digo que está todo bien”
-“Tu inspectora general me llamó hoy en la mañana. Tienes nueve atrasos y espera conversar bastante conmigo el martes cuando tenga que ir por el problema con tu profesora de Electivo. Dice estar muy preocupada del mal cambio que has tenido”.
-“¿Qué significa eso entonces?”
-“Que de seguir estas conductas Antonio, me veré en la obligación de tomar medidas drásticas contra ti para que corrijas esa conducta. Vas a cumplir dieciocho años y creo haberte dado una buena formación y buenos valores para que seas una persona responsable. No veo por qué justo ahora, cuando tienes que empezar a mostrar calidad de lo que eres estás realmente déspota con tu propia forma de ser. Nunca lo vi en ti, y eso es preocupante hijo”.
-“Pero qué estas diciendo...”- Dije con un gran desánimo –“Tratas de decir que me estoy convirtiendo en cualquier cosa o qué”.
-“No hijo. No seas extremista. Pero te estoy llamando la atención pues son cosas que quizás tú hoy no las ves relevantes. Pero cuando te enfrentes al mundo que te espera hijo, te pueden jugar en contra y eso no me gustaría, no sería sano para ti”
-“Qué puedo hacer para que creas que todo está bien”- Dije con amargura.
-“Demuéstramelo Antonio. Ponte los pantalones. Si no te das cuenta el colegio es tu única responsabilidad hoy. Haz las cosas con consecuencia. No destiñas”.
-“Lo haré”
-“Eso quería escuchar... así que mañana mismo quiero ese pelo corto”.
Sacó provecho del momento para seguir el show de la inquisición de esta casa.
-“Mamá... ¿puedo ir?”
-“Si pero quiero que te comprometas primero a que harás lo que te digo”.
-“Yo creo que todo está bien, y se mantendrá bien, te lo aseguro”- Sentencié. Me levanté de la mesa y retiré mi taza.
Fui a mi pieza para llamar al Rigo para poder juntarme con él al menos y nos fuéramos juntos para allá. Lo llamo por primera vez y no contestó. Lo llamé de nuevo y con suerte me contestó. Con una voz pero de esas cuando recién despiertas lo que me hizo entrar en una especie de pánico.
-“¿Hueón, no vay al carrete?”
-“¿Cuál carrete?”
-“El de la Ange poh”
-“Es mañana ese carrete hueón”- Estalló una risa poderosamente.
-“Puta, de veras... gracias, nos vemos entonces. ¿Dónde nos juntamos?”
-“Espérame en el Montserrat de Los Héroes a las nueve. Ahí nos vamos a juntar con los cabros mañana”
-“Ok, ahí estaré. Nos vemos,.chao”
-“Chao”
Y al final me quedé con los crespos hechos. No era hoy. Maldije todo lo que se me cruzó por delante. Cerré la puerta, puse música y navegué en Internet. Necesitaba esa liberación, esa catarsis. Sólo son veiticuatro horas. ¡Qué me cuesta!. ¡Mucho! Siento que todo se me viene encima. Y para cagarla más, me pongo a pensar en Bárbara. Tomo el lápiz y escribo su nombre en un cuaderno. Luego escribo el de Natalia.
¿El de Natalia?
¿Por qué el de ella?
¿Un asalto de nostalgia?
No. Lo taché. Henríquez. Si se acabó Henríquez. No me volverá a llamar, no me atreveré a llamarla de nuevo, creo. Todo quedó en una conversación común y corriente carajo. Y en estos momentos, creo estar solo. Completamente solo. Nunca pedí estar solo, pero así me siento. Como si la soledad de la habitación que está al lado de mi pieza comenzara a invadir mi espacio vital.
He escuchado hablar a gente de sentirse solo. Y bien, si llevo tanto tiempo de estar solo después de haber salido de la casa de mis abuelos, un año antes de que muriera la abuela, y luego que. Nanas, empleadas, amas de casa, como se les quiera llamar. Debería acostumbrarme a estos momentos. Pero no. Hoy, esta noche, me siento solo realmente. Estoy arreglado para presenciar mi opción de caer a un abismo.
Miro la hora y ya son las 3 de la mañana y sigo frente a esta pantalla. Acompañándome solo. Maldición. Tengo ganas de llorar.
Decidí acostarme y acabar de una vez esta puta jornada.
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